Me he pasado casi 10 minutos mirando algo que tal vez no me había dado cuenta nunca. He mirado a través del escaparate de mi oficina y he visto que el mundo va muy deprisa. Gente hablando por el móvil pregonando a cuatro vientos medias conversaciones. Gente caminando hacia sus casas. Gente en coche con la música a toda hostia sin importarle un carajo lo que puedan molestar. Gente que tiene prisa por ser el primero en llegar desde un lugar a otro, pero nadie, nadie con una sonrisa en la boca. Llevo 10 putos minutos de mi vida mirando por un cristal y me he dado cuenta que soy felíz comparado con el resto de la sociedad. suelo tener una sonrisa en mi boca, bien por un motivo o por otro, pero intento sonreir por todo, y ya no por mi trabajo, que es ser comercial, sino porque quiero que vean que soy feliz. A nadie le importa un carajo si hablo por el móvil con Ana o con una conferencia a la estación espacial internacional. A nadie le importa que escucho en el coche, pero si considero que es importante que cuando se encuentren conmigo en la calle y me vean la sonrisa, sepan que soy felíz.