Eran las 14.36 h de un día cualquiera. Me disponía a almorzar en el bar de cada día. Entro y saludo a todos los camareros. No hay mesas libres. Me siento en la barra y pido mi comida. Pechuga de pollo a la plancha con ensalada y de postre un yogur.

Mientras comía intenté por un instante ausentarme del lugar en el que estaba, pero no físicamente, sino mentalmente. Conseguí concentrarme tanto que no oía el bullicio de un bar lleno de gente, en el cual, cada persona habla de diferentes temas. Me quedé por un istante mirando mi comida y reconozco que esa paz interior que conseguí, hacía años que no la experimentaba. Miré a mi alrededor y sólo sentí soledad. Un bar lleno de gente y yo me siento sólo....¡¡¡anda que....!!!

Volví. Seguí comiendo y cuando terminé me di cuenta de lo poco que somos. Probablemente si le preguntaran a todas las personas que habían en ese bar si me habían visto, la mayoría no sabría contestar con certeza. Pasamos desapercibidos por una vida llena de obstáculos en las que sólo nos conocen nuestras familias y amistades más cercanas. Somos tan infinitamente pequeños que apenas ocupamos una pequeña parte del mundo que nos ha tocado vivir.

Aún así yo me siento importante, porque tengo la mejor famila del mundo y porque me quiero como soy.

 

Publicado por Jacob