Me despierto en mitad de la noche en una oscuridad plena en la que escasamente se aprecia la luz de un reloj. Son las 03.20 h de la madrugada. Aún es pronto para levantarse.

Me doy la vuelta e intento dormir. No puedo.

Me incorporo nuevamente, y camino hasta el dormitorio de mi hija. Veo que duerme. Le acaricio la mano, la beso y le susurro que la quiero. Ella suspira y eso me hace felíz.

Vuelvo a la cama, acaricio a Ana en la cabeza, le doy un beso en el hombro y le susurro que la amo.

Me acurruco en la almohada. Me duermo.