Por allá por los años 90 salió un anuncio en la TV un tanto curioso.Véanlo y dentro de un poquito sigo con la historia.
Yaaaaaaa. Dejen de ponerse meláncólicos con los pobres caracoles.
Pues ésta noche decidimos hartarnos a caracoles. Caracoles en salsa que están de mueeeerrrrrte.
Ese platito trae unas 30/35 piezas de esos mini bichitos.
Los grandes me los como yo, que a mi nena no le gusta los bichos grandes.
Y éste es el resultado final. Los restos. Las casitas de esos seres que a mucha gente le dan asco, pero que cuando yo me los como disfruto como un enano. Churrupando y sorbiendo hasta la última gotita de salsa de su interior.
Desde hace algún tiempo me he ido concienciando con la idea de reciclar ciertos productos que nadie desee. Me explico.
Hace unos meses una señora que conozco tenía una mesa comprada en IKEA hace algunos años y que estaba bastante estropeada. Es una mesa infantil. De esas chiquititas y curiosas. La mesa estaba hecha una puta mierda un asco. Tenia golpes por todos lados. Le faltaban algunos trocitos y de la pintura mejor ni hablar, y eso que era toda blanca.
Al enterarme que la iba a tirar a la basura, se me activó el chip de reciclaje. Sobre la marcha cogí la mesa y la llevé a mi casa. Allí Anuki y yo pensamos que nuestra enana no tenía ninguna mesa donde ella hacer sus deberes, pintar, jugar y todas esas cosas que hacen los niños en una mesa. Lo de follar es cuando se es adulto y esas mesas no aguantan .
Pensamos en un principio que sería un buen regalo para el día de Reyes, con lo que puse el cronómetro en marcha y empezamos a pensar que hacer con ella. Buscamos diferentes diseños, siempre que fueran motivos infantiles (le dije a Anuki de poner una foto de la Pamela Anderson, pero no me dejó) y empecé a buscar los materiales necesarios para ello.
Pasta selladora, para arreglar los golpes y suplir la falta de madera en algunos sitios.
Lija, para pulir todos los lados y dejarla como el culito de un niño pequeño, suave, que no cagado.
Pinturas, para hacer el dibujito que teníamos pensado.
Purpurína, para volverme looooooca para retocar detalles.
Metacrilato, para hacer una base y que el dibujo perdure mucho tiempo.
Una vez los materiales estaban en mi poder me puse manos a la obra. Tardé una semana entera en poder tenerla terminada, teniendo en cuenta que llego a mi casa cerca de las 9 de la noche y que a esa hora empezaba el trabajo de reciclaje.
Tras unas cuantitas hora de trabajo conseguí terminar ésta mesa, que para mí es la más linda de las que he podido ver. No en si por el dibujo, sino por el valor sentimental.
Así me sentí hace unos instantes, cuando una señorita que trabaja en correos entró en mi oficina con un paquetito para mí.
Me traía un presente enviado por un amigo. Me traía algo que yo amablemente le pedí y que él accedió gustosamente a hacer. Tembloroso me dispuse a abrirlo, primero quitando una cinta de embalaje que puso para los mirones y luego peleándome con un tapón de plástico blanco que se resistía a mis uñas carcomidas. Su interior albergaba el mejor retrato que he visto en mi vida, por dos razones. La primera un grandísimo dibujante y la segunda una modelo especial.
Aunque a él no le gusta que le digan que dibuja bien, yo me lo paso por el forro. Si lo que éste señor ha hecho con una foto de Adastra no es dibujar bien, a mi que me fornique un mono.